Prosalus es una ONGD que trabaja desde 1985 por la promoción de la salud en Bolivia, Perú y Mozambique. Partimos de la convicción de que cualquier persona, por el hecho de serlo e independientemente de su raza, credo, sexo, nacionalidad, lugar de residencia, estado civil o cualquier otra circunstancia, tiene un conjunto de derechos que son universales, inviolables e inalienables, entre los que se encuentran el derecho humano a la salud, a la alimentación y al agua.



17 de oct. de 2011

Por el hilo se saca el ovillo…

Diálogo abierto, por Emmanuel Decordier

¿Los derechos humanos? Sí, los conozco. Todos y todas somos iguales. Todos tenemos derecho a la salud, al agua, a la alimentación, a una vivienda digna.

Y uno vuela a Mozambique con los últimos datos, indicadores y porcentajes en la mochila. La salud materna-infantil mejoró, se mueren menos mujeres durante el parto, la esperanza de vida al nacer ha aumentado, los niños y niñas en su mayoría ya están escolarizados... Por supuesto, sí, queda aún mucho por hacer, pero parece que los Objetivos del Milenio ya no son del todo esa meta inalcanzable que se asomaba desde la ventana de la década pasada.

24 horas más tarde se llega al fin a Lichinga, Provincia de Niassa. Esta vez con una guinda: conmigo también desembarca mi maleta. Hay que centrarse rápidamente y recobrar los buenos hábitos “bom dia, obrigado. Estamos juntos!”. Como de costumbre hay que visitar a nuestros socios locales, conectar con la realidad del campo, sin perder de vista el seguimiento técnico y presupuestario de los proyectos en base a los requisitos de los donantes.

Y con la primera madrugada llega la primera salida. Y es cuando entonces datos, indicadores y otros porcentajes se quiebran en miles de pequeños pedazos. El aire en el viento.

Centenares de niñas, adolescentes y mujeres andan descalzas por el camino de tierra, con un niño colgado de la espalda y un cubo de agua o un palo de madera en la cabeza. Ellas aprovechan los muchos kilómetros que les separan del centro sanitario más cercano también para realizar labores domésticas. Aquí el tiempo - el presente- es oro. Ellas saben muy bien que la supervivencia de su familia, de su comunidad, de su país, reposa sobre su fuerza de voluntad y su capacidad. Todo cuelga de un hilo, el de su vida. Los colores de las capulanas y las sonrisas regaladas bailan detrás del cristal de mi ventana. Unas cuantas instantáneas que sólo haré con la mirada. Algunos niños se lanzan detrás del coche gritándome “¡Blanco! ¡Blanco!”. Me examino a mí mismo desde fuera y sí, yo también lo veo, soy blanco. El único. También miro hacia dentro y noto por los latidos acelerados de mi corazón, mi privilegio.

Privilegiado por haber nacido en el otro lado del mundo, desde donde se ratifican los tratados y se dictan los derechos humanos. Privilegiado por ir en coche con aire acondicionado en este mismo camino. Privilegiado por ir con mi botella de agua, preciado líquido embotellado.

Aquí como en todas partes del mundo el estado tiene obligación de garantizar los derechos de sus ciudadanos. Pero su población no se puede quedar parada a la espera de su ayuda. Además de luchar para garantizar su supervivencia, las comunidades se organizan y forman grupos de voluntarios para llevar a cabo campañas de prevención de enfermedades crónicas y sexualmente transmisibles, informar sobre las condiciones de higiene y saneamiento básico, realizar cuidados domiciliarios a los más enfermos y perjudicados de entre ellos. El trabajo es grande, las necesidades muchas veces básicas y vitales. Las organizaciones locales PROGRESSO y ESTAMOS, al igual que las numerosas asociaciones que trabajan sin descanso a lo largo de todo el país, lo saben mejor que nadie.

Aquí los derechos no se reciben en una bandeja servida. Se construyen y se velan desde el corazón de África.

Cuando vuelvo a mi cuarto al anochecer, mis ojos estremecidos se depositan sobre un libro que también viajó conmigo “El marco teórico para la aplicación del enfoque basado en derechos humanos en la cooperación para el desarrollo”. Una teoría que contrasta instantánea e inevitablemente con la realidad observada y vivida a lo largo de mi día.

Respiro hondo.
Somos una gota de agua.
Pero todos estamos vinculados.
Allí fuera Mozambique también cuenta conmigo. Por el hilo se saca el ovillo…

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