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| Creative Commons. Autor: psiaki |
Así los calificaba el Ministro de Asuntos Exteriores y de Cooperación (MAEC), Sr. García-Margallo, ante los medios de comunicación el “Viernes de Dolores” después del consejo de ministros que aprobó el proyecto de Ley de Presupuestos Generales del Estado 2012 (PGE). Queda la incertidumbre de lo que haya querido decir el ministro.
A mitad de marzo, cuando compareció ante la Comisión de Cooperación del Congreso, ya adelantó que el presupuesto de cooperación tendría un recorte significativo y argumentó que “recortar [la AOD] es doloroso pero más lo es hacerlo en las pensiones o cerrar ambulatorios”. Esta forma de argumentar, contraponiendo la ayuda al desarrollo y la financiación de políticas sociales en España en una especie de juego de suma cero, no es la única posible.
En la misma comparecencia le preguntaron al ministro por qué se aplicaba un recorte tan fuerte en cooperación al desarrollo y apenas se recortaba en Defensa. Explicó que no es posible recortar en Defensa por la deuda heredada de 30.000 millones que arrastra este ministerio. Pero esta información no aclara el cuestionamiento. El Ministerio de Defensa es uno de los que mayor presupuesto tienen y menor porcentaje de recortes han sufrido entre 2011 y 2012 (menos del 9 % frente al 55 % del MAEC). La deuda de 30.000 millones –que se utiliza como argumento para no recortar en este ministerio- se refiere a inversiones reales que, según se detallaba en la Ley de PGE 2011, tienen una periodificación plurianual de pagos, según la cual la imputación anual en 2011 fue de 1.005 millones, la previsión para 2012 era de 923 millones aunque finalmente el proyecto de PGE 2012 lo deja en 654 millones, porque la reducción del presupuesto de Defensa se centra precisamente en esta partida. Pero además de esto, el Ministerio de Defensa –junto con los organismos autónomos a él vinculados- tiene otros 6.750 millones de presupuesto anual que incluyen, entre otras cosas, casi 600 millones en estudios y formación de las Fuerzas Armadas.
¿Será este trato comparativamente favorable al Ministerio de Defensa a lo que se refería el ministro García-Margallo cuando hablaba de “presupuestos de guerra”? ¿Por qué el ministro no dijo, por ejemplo, que recortar la AOD es doloroso pero más doloroso sería recortar el presupuesto de formación y estudios de las Fuerzas Armadas? El Gobierno debería explicar estas partidas y por qué no plantea recortes significativos en algunas de ellas; debería explicar por qué considera que estos gastos son más importantes que algunas de las políticas sociales, como el apoyo a la vivienda, la promoción activa del empleo o la AOD.
El Gobierno plantea en el proyecto de ley de PGE 2012 lo que algunos han calificado de “amnistía fiscal” aunque el ministro de Hacienda habla de “regularización de activos ocultos”, que le puede suponer un incremento de ingresos de 2.500 millones de euros. Sin embargo, según las estimaciones del Sindicato de Técnicos de Hacienda, en España hay cerca de 90.000 millones de euros de fraude fiscal, el 70% del cual corresponde a grandes fortunas y grandes empresas. ¿Por qué el Gobierno no acomete un operativo serio de lucha contra el fraude fiscal que le puede suponer un incremento mucho mayor de recursos, al tiempo que hace justicia, no incurriendo en agravio comparativo con el tratamiento fiscal que recibe otra parte de la sociedad española, precisamente la más débil económicamente?
Si fuéramos mal pensados, podríamos entender que no sólo hay una respuesta a la crisis en el proyecto de PGE, sino también segundas intenciones en los criterios con los que se hacen los recortes; podríamos pensar que el Gobierno quiere aprovechar la coyuntura de la crisis para laminar y desmantelar la cooperación española, a la vista del 71% de recorte que se le aplica a la AECID. Conociendo a las personas que están al frente de la cooperación española, tenemos que ser bien pensados, de manera que todavía, en el proceso de tramitación, se puedan introducir algunas correcciones a este proyecto de ley tan poco social, tan poco humanitario, tan “de guerra”.