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3 may 2011
Verdades rotundas y perfectas
DIÁLOGO ABIERTO por María Jesús Abellán
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| Foto: Inma Martín. Bolivia, sept. 2010 |
Tengo en mis manos el último número de la revista trimestral de Prosalus: Enfoque de derechos humanos, leo en la portada. Derechos humanos y desarrollo, reza el título de la Tribuna.
Leo la revista y estas palabras se repiten: derechos, enfoque… Como casi siempre Google me ayuda y en unos segundos tengo en la pantalla las Draft Guidelines del informe "A human rights approach to poverty reduction strategies" encargado en 2001 por el Comité de derechos económicos, sociales y culturales de las Naciones Unidas (PIDESC). Al parecer, el PIDESC encargó este estudio a la Oficina de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (OHCHR) y la Alta Comisionada encargó el informe a los profesores Paul Hunt, Manfred Nowak y Siddiq Osmani. Supongo (y compruebo en los agradecimientos) que estos señores encargaron a su vez a muchos expertos alguna colaboración y, finalmente, en septiembre de 2002, aparecieron las mencionadas Directrices.
Conclusión: un trabajo ingente de decenas de personas para poner delante de los ojos del mundo dos verdades que parece increíble no haber visto antes. Dos verdades rotundas y perfectas, con esa belleza que emana de lo simple y necesario, de las pocas verdades universales que lo son de verdad: el pobre tiene derecho a no ser pobre y, si no está disfrutando de ese derecho, alguien es el responsable.
Parece algo muy sencillo, pero no lo es tanto y las consecuencias de reconocer estas dos verdades son muchas y variadas. Lo son para los Estados, para las ONGs, para los partidos políticos, para las personas que trabajan en terreno, para todas las personas en situación de pobreza pero, lo que verdaderamente importa, es que lo son para ti y para mí. Piensa en la noticia que acabas de leer en diagonal mientras ibas a la oficina; piensa en las personas que has visto despertarse entre cartones; piensa en el chico al que le diste unas galletas… Piénsalo todo sabiendo que no ser pobre es su derecho.
Según los datos de la campaña “Derecho a la Alimentación. Urgente” existen más de 1.020 millones de personas en situación de hambre en el mundo, es decir, millones de personas que tienen derecho a alimentarse, pero no tienen comida. Sí, necesitan comida pero, sobre todo, tienen derecho a tenerla y no la tienen; tienen derecho a tener futuro; derecho a que sus preocupaciones puedan ser tan subsanables como las mías; derecho a no morir de hambre. ¿Puedo, puedes, puede alguien imaginar qué es morir de hambre? Llegar a tiempo al trabajo y morir de hambre; pillar un atasco y morir de hambre; estar de exámenes y morir de hambre; perder un vuelo y morir de hambre; romper con tu pareja y morir de hambre… Supongo que la vida no es fácil, pero es vida si puedes no morir de hambre.
¿Qué pasaría si consigo no olvidar esto? ¿Qué ocurriría si todos los “responsables” del mundo entendieran que las personas tienen derechos, que la pobreza es intolerable? ¿Cómo se movería el mundo si cada pobre del planeta tomara conciencia de que sus necesidades y miserias existen porque alguien borró sus derechos?
Son preguntas muy grandes y sus respuestas muy imprecisas, pero me gusta jugar a imaginarlas y dejar por ahí mis palabras, flotando en el aire de la red… Quizás un viento de olvido se las lleve lejos, pero quizás se unan a otras, encuentren voces más fuertes, viajen todas juntas hacia el corazón de un motor un poco lento pero real… Hope is a way of life – La esperanza es una forma de vida.
26 abr 2010
Aynisuyu, principio de la reciprocidad
Si el viaje a Anzaldo parecía una aventura, el que realizamos con Aynisuyu al municipio de Vila Vila aún más. 5 horas y media para llegar a Sikimira y Sivingani, dejando a un lado el río Caine que conforme discurre se convierte en el río Madre de Dios, para terminar uniéndose al Amazonas, y atravesando el lecho del río…, lo que se traduce en una hora de botes dentro de la camioneta, que merecen la pena por el impresionante paisaje.
Aynisuyu defiende el principio de reciprocidad de la cultura indígena, por lo que desarrolla una metodología de aprendizaje que denomina capacitación en cascada. Consiste en seleccionar en cada comunidad una familia difusora (marido y mujer) que reciben capacitación tanto agropecuaria como en salud, recibiendo semillas y diversos materiales para desarrollar huertos familiares, piletas de agua multifunción, etc. así como capacitación en salud, favoreciendo la conformación de comités locales de salud. Cuando han terminado su proceso de aprendizaje, transmiten todos los conocimientos y comparten los materiales recibidos con otras 12 familias de base.
Nos reunimos con el comité local de salud quien nos explicó los principales problemas de salud: enfermedades respiratorias, como la neumonía, y las diarreicas u otras asociadas a la desnutrición. El programa del Gobierno Desnutrición Cero, promueve la creación de comités de salud municipales, pero Aynisuyu cree que es necesario bajar hasta las comunidades, para que su población se organice en los comités locales, permitiendo la coordinación con los centros de salud, para después elevar sus propuestas y necesidades a los comités municipales.
También visitamos los huertos familiares de varias familias, donde pudimos apreciar una gran variedad de verduras y hortalizas y experiencias piloto como las piletas para la cría de peces carpa.
Al día siguiente visitamos el municipio de Alalay, a casi 4.000 metros de altura, donde cada núcleo familiar está bastante disperso, separado por grandes lomas donde desarrollan sus huertos, piletas y realizan trabajos para la siembra de agua, tan escasa en la zona.
Han sido dos días intensos, que hemos compartido con nuestro socio local, Aynisuyu y con las familias que nos han acogido y nos han invitado a probar sus productos. Viven en condiciones extremas, pero impresiona y motiva la fuerza y la ilusión con la que continúan trabajando para salir adelante.
Aynisuyu defiende el principio de reciprocidad de la cultura indígena, por lo que desarrolla una metodología de aprendizaje que denomina capacitación en cascada. Consiste en seleccionar en cada comunidad una familia difusora (marido y mujer) que reciben capacitación tanto agropecuaria como en salud, recibiendo semillas y diversos materiales para desarrollar huertos familiares, piletas de agua multifunción, etc. así como capacitación en salud, favoreciendo la conformación de comités locales de salud. Cuando han terminado su proceso de aprendizaje, transmiten todos los conocimientos y comparten los materiales recibidos con otras 12 familias de base.
Nos reunimos con el comité local de salud quien nos explicó los principales problemas de salud: enfermedades respiratorias, como la neumonía, y las diarreicas u otras asociadas a la desnutrición. El programa del Gobierno Desnutrición Cero, promueve la creación de comités de salud municipales, pero Aynisuyu cree que es necesario bajar hasta las comunidades, para que su población se organice en los comités locales, permitiendo la coordinación con los centros de salud, para después elevar sus propuestas y necesidades a los comités municipales.
También visitamos los huertos familiares de varias familias, donde pudimos apreciar una gran variedad de verduras y hortalizas y experiencias piloto como las piletas para la cría de peces carpa.
Al día siguiente visitamos el municipio de Alalay, a casi 4.000 metros de altura, donde cada núcleo familiar está bastante disperso, separado por grandes lomas donde desarrollan sus huertos, piletas y realizan trabajos para la siembra de agua, tan escasa en la zona.
Han sido dos días intensos, que hemos compartido con nuestro socio local, Aynisuyu y con las familias que nos han acogido y nos han invitado a probar sus productos. Viven en condiciones extremas, pero impresiona y motiva la fuerza y la ilusión con la que continúan trabajando para salir adelante.
24 abr 2010
Atajados y dieta equilibrada
Después de dos horas de subida por carreteras empedradas y caminos pedregosos llegamos a la comunidad de Torancalí donde visitamos la casa y el huerto familiar de Severino y Ángela.
Llevan trabajando en este proyecto desde hace 3 años y se nota. Lechugas, tomates, cebollas, repollos, calabazas (de las que nos dijeron que no se pueden señalar con el dedo porque si no se secan), árboles de mandarina y ají, entre otros han sembrado en su huerto, lo que les ha permitido tener un dieta más equilibrada, para ellos y sus hijos. El próximo proyecto de Severino y Ángela es comenzar a construir un invernadero o carpa solar, para la que ya tienen preparados los ladrillos de adobe.
Después visitamos otras comunidades próximas donde pudimos apreciar construcciones de grandes estanques de agua. Son los atajados. Se construyen en zonas de ladera para aprovechar la poca agua de lluvia que cae en la zona y están al lado de los huertos, lo que les permite recoger agua para regar y dar de beber a sus animales, además de criar carpas que aportan proteínas a la dieta familiar.
Por último pudimos reunirnos con los concejales recientemente electos, que nos explicaron en quechua, las dificultades y necesidades del municipio, así como sus propuestas de trabajo en coordinación con CIPCA y otras instituciones de la zona. Hombres y mujeres jóvenes, que no han abandonado el municipio y que luchan por conseguir una vida mejor para sus vecinos.
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